Está caracterizado por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas y unido a la falta de control de impulsos.
La sintomatología puede manifestarse de
forma diferente según la edad del niño y se debe desarrollar en dos ó
más ambientes como en casa y en el colegio. Se da con mayor frecuencia
entre los niños que entre las niñas en una proporción 4:1, y lo padecen
tanto niños como adolescentes y adultos de todas las condiciones
sociales, culturales y raciales.
La etiología del trastorno
se centra en un fallo en el desarrollo de los circuitos cerebrales en
que se apoyan la inhibición y el autocontrol, funciones cruciales para
la realización de cualquier tarea.
Comportamientos y manifestaciones mas habituales del afectado por TDAH
Las manifestaciones o características más habituales de este trastorno se relacionan con los siguientes comportamientos:
Su actividad motriz les lleva a
levantarse continuamente de su asiento, charlar con los compañeros,
hacer ruido... lo que provoca una interrupción constante del profesor
Su dificultad de concentración les hace
distraerse fácilmente, llevándoles a dedicar más tiempo de lo normal a
la ejecución de las tareas escolares y a obtener unos rendimientos más
bajos. Ese bajo rendimiento escolar es consecuencia también de una mala
memoria secuencial, produciéndoles dificultades de aprendizaje tanto en
operaciones aritméticas, como en lecto-escritura.
Su impulsividad les suele llevar a un
deseo de terminar las tareas lo más rápido posible, lo que provoca que
cometan tantos errores, como comerse sílabas o palabras cuando escriben o
leen, confundir unas palabras con otras.
A todas estas características hay que
sumarles el alto grado de frustración que les produce el no realizar
las tareas con la misma rapidez y diligencia de sus compañeros, las
continuas quejas de sus profesores, el rechazo de sus compañeros, que en
ocasiones les lleva a reaccionar con rabietas o estallidos, mostrándose
hacia los demás como una persona con poca capacidad de autocontrol.
Todo ello tiene como consecuencia que les provoque una baja autoestima sobre si mismo apareciendo entonces otros trastornos como la depresión y la ansiedad, trastorno de conducta, trastorno oposicionista desafiante, en definitiva, una detección no temprana les puede conducir a cualquier tipo de conducta antisocial.
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